jueves, 10 de mayo de 2012

El enfermo, las encuestas y los chacales

Mucho es lo que se especula de la enfermedad del líder absoluto del chavismo.  Fuentes de un lado y de otro se enfrentan entre “runrunes” y rumores.  Lo cierto es que las apariciones diarias, las muestras de fortaleza y la publicidad del inquilino de Miraflores ha disminuido notablemente en escenarios públicos para quedar limitada a Twitter, llamadas telefónicas y fotos muy bien arregladas.

Hace unos meses, médicos cubanos le dieron una expectativa de vida de unos dos años, mientras que los rusos opinaban que si llegaba al año, ya era ganancia.  La ausencia reiterada de “El enfermo” ha puesto en tela de juicio las vociferaciones de sus camaradas respecto a que “Hay –enfermo- para rato”.

Sin embargo resulta curioso y bastante triste el juego de las encuestas y la enfermedad.  Mientras más enfermo está, más intención de voto hay hacia él, como si se tratara de una silla milagrosa, la que se encuentra en Miraflores.

El equilibrio que debe mantener el personaje entre la enfermedad (que le da intención de voto por parte de los que piensan “pobrecito, hay que apoyarlo porque está enfermo”) y la fuerza (que es lo que le da intención de voto a los radicales es una balanza) es delicado y un paso en falso podría hacerlo resbalar, a cuenta de un empujón por enfermo o de una desilusión por mentiroso.

Para completar, resulta que ante la inminente llegada de un cadáver, el del régimen, los chacales gobierneros están haciendo cuánto es posible por apoderarse de la mayor tajada antes de que se descomponga por completo.  Casos como el recital de Aponte Aponte, el caos carcelario cada vez más evidente y público, la incapacidad para mantener las tan cacareadas Misiones y los hechos de corrupción a todos los niveles junto con la descomposición social que vive Venezuela presentan un escenario poco alentador para los próximos meses.

La salida del gobierno es la intriga y la violencia.  Amenazan con salirse de la CIDH (Corte Interamericana de los Derechos Humanos), porque “la tienen agarrada con el gobierno venezolano”.  Pero esto implica salirse igualmente de la OEA (Organización de los Estados Americanos) e incumplir la propia Constitución.

Las filas del chavismo se remueven con inquietud, como quien sabe que la cosa está excesivamente normal, sólo que se encuentran ante un portaaviones que se hunde y amenaza con llevárselos hasta el fondo del abismo.

Este régimen parece haber alcanzado su fecha de vencimiento, y el 7 de octubre se moverá el piso de muchos.

 

Si un hombre fuese necesario para sostener el Estado,
ese Estado no debería existir; y al fin no existiría.

Simón Bolívar

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